Da lo que quieres recibir: El karma no es una venganza del universo, sino un reflejo de tus pensamientos y acciones.

El primer mes del año está lleno de ilusiones, propósitos y fuerza de voluntad para llevarlos a cabo, nuestra energía está a tope y estamos listos para iniciar un nuevo ciclo. ¿Te has puesto a pensar el impacto que tenemos en la configuración del universo?

Dicen que el punto más elevado de la espiritualidad es cuando comprendemos la universalidad de nuestros actos. El efecto dominó y nuestro papel como ficha dentro de una jugada que no tiene fin, me han hecho comprender que, en efecto, soy parte importante de una historia que no sólo es mía, sino de todos los demás. Creo que a veces vamos por la vida sin darnos cuenta o hacernos responsables del efecto que podemos tener en alguien más, ya sea negativo o positivo. Bien dicen que toda acción tiene una reacción y, generalmente, nos olvidamos de que una palabra puede hacer la diferencia. De una u otra manera, todos estamos conectados y hace falta hacer conciencia de que la energía que lanzamos al universo es circular: si arrojas enojo, el boomerang de la energía regresa como enojo.

Así pues, qué mejor momento que un año nuevo, un nuevo comienzo, para hacernos responsables por la energía que transmitimos a nuestro entorno. Facundo Cabral, argentino y artista hecho y derecho, dijo alguna vez: “No te sientas aparte y olvidado, todos somos la sal de la Tierra”. No te hagas el que no cuenta, porque lo que hagas o dejes de hacer marca esta Tierra de la que Cabral habla por el resto de los tiempos. Que quede claro que el karma no es ningún tipo de venganza del universo hacia ti, es nada más y nada menos que un reflejo de pensamientos y acciones que has ido consolidando. ¿Y si empezamos a arrojar amor y gratitud? ¿Y si en lugar de crítica y prejuicio ofrecemos comprensión? Creo que ya hemos pasado por suficiente dolor propio como para no entender el ajeno.

SÍ hacen una diferencia tus palabras, SÍ cambia el mundo con tus acciones, porque, irremediablemente, estamos atadas a una cadena de sentimientos en la que todos somos responsables de la carga negativa o positiva que fluye a través de ella. Tenemos más poder del que creemos, y Dios a veces puede interceder menos de lo que queremos; porque es la misma libertad la que nos ha regalado la que nos da la responsabilidad de actuar. Imagina una nueva versión de ti misma, una que irradia luz positiva, una que no le tiene miedo a la verdad y una que no duda en mostrar compasión. Es momento de hacernos responsables por esos rayitos de luz que lanzamos a la deriva y que afectan no sólo a quien los recibe, sino que rebotan y regresan a nosotras. Es momento de hacer el bien no sólo a los cercanos y a quienes nos conviene, sino a los que más nos cuesta y nos han herido. Ofrece amor, siempre, porque este es universal y se entiende en cualquier idioma, religión y preferencia, porque es el primer don que desarrollamos y es siempre el que más condicionamos.

toda acción tiene una reacción y, generalmente, nos olvidamos de que una palabra puede hacer la diferencia. De una u otra manera, todos estamos conectados y hace falta hacer conciencia de que la energía que lanzamos al universo es circular: si arrojas enojo, el boomerang de la energía regresa como enojo.

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