Heridas infantiles en la vida adulta

Hoy hablaré de un tema importante que te ayudará a replantearte la realidad en la que vives hoy. Las heridas infantiles y la influencia que éstas tienen en el desarrollo y mantenimiento de tu vida adulta, es aquello que llamamos “nuestra niña interior”.

Las heridas infantiles son un filtro que no te permite ver la realidad presente, se distorsionan las relaciones y se bloquea el disfrute de la vida diaria.

Principales heridas de la infancia

– Abandono y/o rechazo por parte de los padres. Padres ocupados que no prestaban atención a las necesidades de sus hijas. Una de las consecuencias puede ser que en la vida adulta se sufra de celotipia por tratar de controlar a su pareja o a las personas que están a su alrededor por miedo a la traición y abandono.

– Desconfianza. No se le dio la confianza necesaria al infante y se le recordaba constantemente sus defectos tanto de aptitud como de actitud, al igual que los físicos y emocionales. Por ejemplo, si se tenía sobrepeso en la infancia y los padres lo echaban en cara constantemente. O que se le repitió lo incapaz que es de hacer cualquier cosa.

– Miedo y colapso

No se respetaron los límites del infante. Por ejemplo, tener miedo constante de no ser querido o aceptado por alguien más por ver como entre sus padres se rechazan, presentándose una separación o divorcio. Si se sufrió violencia “por amor” es decir, los padres golpeaban a la niña para “corregirla” y “por su bien”, por tanto, en la vida adulta se ligan los golpes con el amor y se actúa de manera violenta.

Realidad distorsionada

– Idealizar a las personas y proyectar cosas a futuro suponiendo que pasarán.

– Vemos, sentimos y escuchamos cosas que no son reales y bloqueamos todo lo que SÍ es real. Por ejemplo, un ataque de celos si tu pareja no responde el teléfono y se piensa que está con otra mujer. Se bloquea la realidad cuando alguien nos muestra su cariño y nosotras no lo creemos y tratamos de evadirlo.

– Olvidamos sucesos de nuestro pasado. La parte que bloqueamos es lo que más nos afecta.

La mayoría de nosotras vivimos en constante sufrimiento, causado principalmente por nuestras heridas infantiles y la distorsión de la realidad que nos invade y esto es como si entráramos en trance, se activan cuando algo en nuestra vida actual nos abre una herida de la infancia. Esto se puede manifestar de diversas maneras como por ejemplo: agitación, ansiedad, inquietud, irritabilidad, agresividad, insomnio, acciones o pensamientos compulsivos. Cuando se activa, causa adormecimiento, disociación, lagunas mentales, confusión, inhabilidad para expresarse, para sentir, para moverse.

Lo mejor que se puede hacer para combatirlo es reconocer aquello que nos causó la herida y trabajar en ello, de modo que podamos superarlo desde la raíz.

Espero que te haya gustado, comenta y comparte con Gama ¿Cuáles son tus heridas de la infancia?

Imagen: www.psicodiagnosis.es

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