¿Qué se siente tener una gemela?

Una gemela nos cuenta:

Creo que he escuchado esta pregunta millones de veces, y la verdad es que es difícil de explicar. Como gemela una piensa, “es lo mismo que tener un hermano solamente te pareces un poquito más”, pero la verdad es mucho más que eso. De hecho, yo lo describiría como el mayor regalo con el que llegué a esta vida.

Imagínate tener millones de recuerdos de tu infancia y que en todos ellos aparezca la misma persona. A una edad muy temprana, no distingues entre un “yo” y un “tú”, es como si fueras una misma; es por eso que podré imaginar mi vida sin muchas personas, pero nunca sin ella, no me veo a mí si no existiera ella.

Cuando se es gemelo, es difícil reconocer la soledad. Yo siempre estuve acompañada, siempre tuve con quien jugar y con quien pelear, y siempre tuve menos miedo porque alguien lo compartía conmigo. En mi miedo a la obscuridad o al despertar de una pesadilla, me acercaba a la mitad de la cama y me pegaba a ella, así nada me podía pasar.

También aprendes a compartir las culpas, no importa lo inocente que seas, mamá siempre regaña a las dos por igual. Los regaños compartidos se sienten menos, pero cuando una no tenía la culpa, sí que enojaba.

Cuando mis papás se peleaban, me ayudaba saber que alguien entendía de igual manera lo que estaba sintiendo. No nos decíamos nada, sólo sabíamos.

Sabes que la amas con todo tu corazón porque quieres que ella vaya primero y que a ti te falte algo, pero a ella nunca; después de todo, las gemelas somos expertas en esperar turnos.

También aprendes a lidiar con los celos. Me acuerdo de cuánto lloré porque ella aprendió antes a leer el reloj y a atarse las agujetas. Sin embargo, empiezas a crecer y cada día la ves más diferente, con diferentes gustos, habilidades y defectos; entonces, aprendes a individualizarte, a diferenciar tus propias aptitudes. No es un concurso. Por muy iguales que seamos, no la veo a ella y me veo a mí, la distingo como una persona con rasgos y características diferentes.

Asimismo, llegas a odiar más a las personas que la han lastimado a ella que las que te han lastimado a ti. El mayor mal que le he deseado a alguien es a quien la ha hecho llorar. La he visto llorar por hambre, por capricho, porque se raspó corriendo o porque le arrebaté un juguete, pero cuando llora porque le duele el corazón, esas lágrimas sí duelen.

Creo que la telepatía de la que hablan tiene que ver con que conoces tanto a la persona que aprendes a leerla. La ves a los ojos y sabes qué está pensando y sintiendo. Su alegría es tu alegría y lo mismo pasa con el dolor. Compartimos todo juntas, desde el útero hasta la cuna, será tal vez por eso que disfruto tanto seguir metiéndome en su cama a mis 26.

Mis manos se formaron al mismo tiempo que las de ella, para sostenernos, para aplaudirnos, para sentir paz sólo con tocarlas; nuestros pies se desarrollaron juntos para que nunca la deje atrás y para ponerme en sus zapatos cuando me necesite más.

Dicen que a esta vida llegamos solos y nos vamos solos. Yo llegué muy bien acompañada, mi corazón se formó junto al de ella y es, sin duda, por lo que más late hoy.

Pensándolo bien, sí la veo a ella cuando me veo en el espejo. Al final del día, somos un reflejo de lo que más amamos.

Visto en: www.estoespurpura.com

Imagen: www.tumblr.com

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