Búscate otro más bueno, vuélvete a enamorar: La infidelidad en los genes

La infidelidad es un tema delicado, al menos para mí, “no me toques ese vals” porque ya lo viví, lo perdoné y espero no volver a pasarlo. Después de tanto, comprendí que la infidelidad es algo que NO se puede perdonar en lo absoluto.

Ahora, si nos vamos a la forma en la que los hombres y las mujeres perciben el tema de la infidelidad, nos encontramos con miles de kilómetros de diferencia. Por ejemplo, a la mayoría de los hombres les gusta ver o estar con dos mujeres, no sé porque razón les excita que dos mujeres tengan un encuentro sexual. Mientras ellos lo ven como algo “normal”, nosotras lo vemos como una cuerneada magistral y no deja de ser un acto de infidelidad.

A los hombres les afecta mucho más ser traicionados sexualmente por su pareja, que ser dañados emocionalmente. Esto tiene que ver mucho con la genética masculina y la necesidad de esparcir sus genes por doquier y de asegurar que son SUS genes los que están ahí.

Las mujeres, por el contrario, siempre han podido asegurar que el hijo que poseen les pertenece (por obvias razones), por ende, la mujer se enfoca en asegurar la manutención y seguridad de ellas y de sus hijos. Por ello, una infidelidad emocional nos pega mucho más a nosotras porque es inaceptable que otra mujer seduzca a nuestro hombre y nos quite la seguridad física o maternal brindada por él.

Ok. Ahora la tecnología nos permite hacer pruebas de ADN y las mujeres de hoy no necesitan de ningún cabrón para salir adelante. Sí, eso me queda claro y no lo pongo en duda; pero pese a eso, aún seguimos cargando los ideales de siglos atrás, no importa que tan evolucionados estemos como sociedad, seguiremos trasladando ese tipo de genética.

Regresando a la sexualidad entre dos mujeres, podemos ver que en la mente primitiva de un hombre, resulta cero dañino porque se trata de OTRA mujer, ésta no simboliza ningún peligro para la transmisión de los genes, y puede lidiar tranquilamente con la situación.

Así que si sienten celos ya saben a qué se deben, no se traumen y sean felices. Ahora, si tu pareja es un patán o “patana” lo mejor que puedes hacer es mandarlo derechito, “Búscate otro más bueno, vuélvete a enamorar.”

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