La adicción al bálsamo labial

Todos los días me levanto, lavo mis dientes y me aplico un poco de bálsamo para que mis labios comiencen a hidratarse mientras preparo lo necesario para bañarme. Salgo de mi casa y me aplico un poco más, mientras espero en el tráfico aplico otra capa. En la oficina hago lo mismo. ¿Adicción o prevención?

Olvidaba contarles que mi compañero inseparable llamado bálsamo, me auxilia cuando más nerviosa me siento o cuando me encuentro fuera de lugar. Busco desesperadamente en mi bolsa y al aplicarlo comienza esa sensación de bienestar al tener los labios bien hidratados y las manos ocupadas. Lo mismo pasa cuando sacas tu teléfono y te pones a jugar con él sólo porque no tienes nada que hacer.

La realidad es que usamos mucho el bálsamo porque nos preocupamos por la hidratación de nuestros labios. Es igual cuando nos untamos crema en las manos, odiamos tener la piel reseca. Por lo tanto, no somos adictas a él, así que podemos dejar de preocuparnos.

Aquí lo importante es que no dejes que la deshidratación, la resequedad y los pellejitos molestos invadan tus labios. Te recomiendo que utilices bálsamos a base de ingredientes como: cacao, manteca de karité, miel, o aceites. Igual puedes utilizar vaselina pero la textura puede no agradarte mucho.

Nota: Los bálsamos no son el postre así que procura no chupar tus labios para comerte el bálsamo de menta que te acabas de aplicar, lo único que lograrás será resecarlos más.

 

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