Si no sabes a dónde vas no lleves a nadie

Todas hemos pasado por pequeñas rachas en donde no sabemos ni qué onda con nuestra vida, eso es normal, sin importar la edad que tengas es de humanos sufrir crisis existenciales.

Lo malo es cuando dentro de tu desorden mental arrastras a las personas que te quieren y desean ayudarte a “encontrar el camino” (eso no sirve, nadie te puede ayudar). Comportarse de forma egoísta y dañar a los que están a tu alrededor teniendo que soportar tus “no sé qué quiero” no está padre.

Acompáñenme a leer esta triste historia:

Laura estaba perdidamente enamorada de Juan. El pinche Juan era una dulzura con ella y lo único que le repetía constantemente era que “quería hacerla feliz”. Laura por supuesto, estaba súper entusiasmada con el comienzo de la relación; incluso, su familia y la familia de él se habían conocido y automáticamente hicieron clic, todo era perfecto porque pocas parejas logran unir a dos familias completamente distintas.

Todo marchaba excelente hasta que un día Juan recibió una llamada de Voldemort (ya sabes, esa ex a la que no se le puede mencionar ni en drogas) y bueno, al pendejo de Juan se le movió el tapete aun sabiendo que la ex no quería más que torturarlo. Las cosas siguieron entre Laura y Juan, pero Juan ya se comportaba extraño y comenzaba a dar señales de “no saber lo que quería” cuando la realidad es que él no quería estar con Laura, sino con la mugre Voldemort.

Total, Juan se dedicó a dar falsas esperanzas a Laura y sus secuaces. Ella pendejamente en vez de mandarlo al diablo seguía ahí, recogiendo las babas que Juan derramaba por Voldemort. Para no hacerte el cuento más largo, el pinche Juan acabo diciéndole a Laura “no sé lo que quiero” para ese entonces, Laura ya estaba más clavada que los clavadistas de las Olimpiadas y obviamente le partió el corazón. Y así, sin más, Juan agarro sus inseguridades y sus problemas mentales y se marchó (con otra, ya no con Voldemort) jajaja ¿Qué onda con este güey?

Con esta historia quiero decir que no es justo ilusionar y mentir a alguien que te quiere de verdad, no se vale que los demás acaben pagando los platos rotos de tu inutilidad mental por no decidir a tiempo y sólo jugar con las personas. Lo mejor es que si no sabes a dónde vas no lleves a nadie.

 

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